Eran las seis de la tarde y todavía hacía mucho calor en el ambiente.
Yucheon iba tranquilamente golpeando el balón de fútbol mientras regresaba a casa de los entrenamientos. Hacía unos meses que se había unido al equipo del instituto y lo pasaba en grande en los partidos. Todavía no se preocupaba por su futuro pero la posibilidad de dedicarse al fútbol profesionalmente no le parecía mala idea la verdad.
- Mañana sacan la quinta parte de "Run&Play" - comentó Yucheon para sí mismo. - Menos mal que no tengo entrenamiento y podré ir pronto a comprarlo antes de que se agote.
Un pájaro salió volando asustado cuando el balón de fútbol golpeó el muro que Yucheon tenía enfrente. Le gustaba lanzar fuertemente la pelota, sabía que a pesar de su delgadez y baja estatura (algo que nunca admitiría delante de otros) tenía mucha potencia en los tiros. Cuando hizo las pruebas de selección para el equipo el entrenador le recomendó para delantero, pero Yucheon prefirió la posición de defensa, se sentía más cómodo.
Yucheon tomó la curva en que se convertía la calle por la que iba caminado y dejo atrás el muro sobre el cuál el pájaro de antes volvía a posarse tranquilamente.
Ante él se abría ahora una gran avenida, los estudiantes que salían de clase después de sus actividades extraescolares llenaban las aceras y por la calle los coches de los trabajadores que ya habían terminado su jornada se sumaban al paisaje urbano.
Tanta multitud hizo que Yucheon tuviera que dejar de patalear el balón para llevarlo con las manos. Mientras avanzaba por la avenida y cruzaba varios semáforos iba pensando en el videojuego que compraría al día siguiente. Estaba impaciente por empezar a jugar.
Cuando faltaba poco para que la avenida terminara Yucheon giró en una bocacalle y se adentró en un barrio de pequeñas casas y calles silenciosas que desentonaba con el bullicio de la avenida. Él no entendía muy bien porqué pero su madre estaba muy contenta con haber encontrado piso en esa zona: "es una zona tranquila pero muy cerca del centro, ¡todo son ventajas!", exclamaba ella cada vez que tenía oportunidad.
A Yucheon le daba igual la zona donde vivir, aunque había que reconocer que este barrio estaba cerca del instituto y así podía ir caminando tranquilamente. Pero por otro lado ahora eran vecinos casi de puerta de sus tíos, y eso implicaba ver demasiado a menudo a sus primos. Lo cierto es que no tenía nada en contra de su prima Eiri, era una chica guapa aunque con demasiado carácter, y estando en familia era cuando más mostraba ese carácter. Pero por otro lado estaba su primo Tanuki, no es que fuera mal chaval, pero le parecía un tipo demasiado tonto, siempre de risas de aquí para allá perecía que no tenía nada en la sesera. Yucheon todavía no comprendía cómo podía estar saliendo con una chica tan preciosa e inteligente como Yôhei.
- Yôhei...- susurró Yucheon sin prestar atención de por donde caminaba. Poco antes de llegar a su casa había un pequeño parque cuyo camino Yucheon se sabía de memoria y recorría libremente volviendo a golpear el balón de fútbol.
- Eh cuidado, ¡¡¡pequeñajo!!!
Yucheon se sobresaltó con el grito y dirigió la mirada hacia donde procedía. Un chico (¿era un chico?) de pelo azul y extrañas pintas estaba apoyado bajo un árbol y se rascaba la cabeza mientras intentaba ponerse en pie. El balón de Yucheon se movía ligeramente a un costado del chico peli-azul.
- ¿Es que quieres matar a la gente?. - prosiguió el chico una vez levantado. - Vigila dónde lanzas la pelota. ¡Arsss, como me saga un chichón no me dejarán participar en la sesión de fotos!
Yucheon miraba extrañado a la persona que tenía delante. La voz era claramente masculina, pero la cara tenía rasgos de chica y las extrañas pintas no ayudaban a reconocer bien al portador de esa ropa. ¿Era un pañuelo playero lo que llevaba enrollado en la cintura? No podía saber con seguridad la edad de ese chico pero al menos sabía que era mayor que él, aunque no demasiado alto.
- Oye chico, ¿es que no tienes lengua?. Menuda educación dan los padres de hoy en día.
- ¿Eh? Ah... perdona tío, pero es que me has dejado mudo con esas pintas.- le espetó Yucheon que no comprendía cómo podía ir la gente vestida de esa manera tan anormal.
- Que mis pintas... - empezó a decir el chico bajo la cabellera azul.
"Oh, oh, a ver si ahora se va a poner gallito" pensó Yucheon.
- ¡¡¡¡AAAaaahhhhhhhhh!!!!.- gritó con voz chillona el chico.- ¡Claro! Has reconocido que soy un músico con estilo y talento y por eso te has sorprendido. Muchacho, hoy estás de suerte por haberte topado conmigo, jejejeje.
- ¿Cómo? ¿Pero de qué...?
- Sí, sí, es que no se puede negar el carisma que tengo, jajajajajajajaja - continuó el chico sin hacer caso de los balbuceos y la cara de asco que Yucheon empezaba a poner.
- Dios mío, este se ha escapado del manicomio y me lo he encontrado yo. - comentó Yucheon para sí mismo, aunque sin miedo de ser oído puesto que el extraño chico había empezado un monólogo alabando sus cualidades como artista musical.
Yucheon no tenía ganas de perder el tiempo y menos de amargarse lo que quedaba de día, así que cogió el balón y retomó el camino de vuelta a casa. Cuando sólo había dado unos pasos sintió que lo agarraban del brazo y se giró dispuesto a decirle al pitufito que le dejara en paz.
- ¿Nii-chan, ese chico es amigo tuyo?. - era Jeonghoo la que agarraba el brazo de Yucheon y le hablaba mientras señalaba al chico de pelo azul que parecía que ya había terminado su discurso.
- Jeonghoo, ¿de dónde sales?. - Yucheon se sorprendió de ver a su hermana, no se había fijado en que estaba en los alrededores, aunque ella era propensa a aparecer de repente casi como de la nada.
- Estaba buscando mariquitas detrás del árbol de tu amigo. Jeje, qué pelo más extraño lleva. - Jeonghoo tenía en la mano una cajita con varias mariquitas pequeñas y rojas. - Oye, amigo de Yucheon, ¿cómo te has hecho ese pelo? ¡Mola mogollón, yo lo quiero igual!. - le gritó al chico de pelo azul.
- Ay preciosa, pero qué buen gusto tienes. - se emociono el aludido. - Pues me lo he teñido yo mismo en casa mezclando varios tintes. ¡Es el look de moda entre los cantantes!
- Lo sabía, éste se ha escapado de algún manicomio. Vamos Jeonghoo, sabes que no debes hablar con extraños, y menos pedirle a nadie que te tiña el pelo, ¿quieres que mamá te mate?. - Yucheon cogió a su hermana por el brazo y caminó hacia la salida del parque.
- ¡Eh, esperad! Todavía... - empezó a decir el chico de pelo azul, pero de repente le sonó el teléfono móvil y apresuradamente se dispuso a sacarlo de la bolsa que llevaba.
Yucheon aprovechó para acelerar el paso y dejarlo atrás. Menudo tipejo extraño tenía que encontrarse en el parque.