Shuichi salía deprisa de la academia y no se dio cuenta de que alguien le hablaba hasta que se lo encontró parado delante de él.
- ¡Ah hola, Cinde! – dijo Shuichi elevando la cabeza para mirar mejor a su interlocutor. – Perdona tío, voy con prisa y no me había dado cuenta de que entrabas.
- No te preocupes, ¿malas noticias? Te preguntaba por tu pelo.
- Bueno… malas, malas no, pero molestas un poco. Sobre el pelo estaba ya cansado del azul y he pensado en cambiarlo un poco. Quería ponerme un rubio pero no sé cómo ha desteñido el tinte que se ha quedado rosa. Pero tampoco me molesta la verdad, jajajajajajaja
- Ciertamente no queda mal, jejejeje – le dijo Cinde. – Bueno, voy a ver si cuelgo esto en el tablón de anuncios, estoy buscando compañero de piso.
- Mucha suerte tío, pero a mí no me mires que demasiado feliz estoy en casa con los papis, jejejejejejejeje. Bueno, ¡me voy!
Después de despedirse Shuichi volvió a sumirse en sus pensamientos mientras salía de la academia. Definitivamente ese no era su día. Se había levantado tarde y con dolor de cabeza y el día no había hecho más que empeorar por momentos.
La tarde anterior había comprado un tinte rubio para cambiar el estilo de su cabello. Esa mañana sin importarle mucho el resultado final se había cortado él mismo los largos mechones que ya le molestaban y luego se había pringado toda la cabeza con la mezcla pastosa del tinte. El corte no le desagradaba en absoluto pero el color había quedado muy lejos del rubio. Cuando estaba todavía con el tinte en la cabeza había recibido una llamada de un colega, el concierto que tenían para el próximo fin de semana debía cancelarse porque el local había sufrido una avería en las tuberías. Aquello enfadó bastante a Shuichi, era algo que podía pasar pero llevaba tiempo sin hacer ningún directo y estaba un poco ansioso. Terminó la llamada y ahí su humor no mejoró. Al ir a aclarar el tinte se dio cuenta de que un rosa claro se había adueñado de su cabellera. Shuichi había soltado una inmensa cantidad de improperios y había estado apunto de romper el espejo del baño. Seguramente se había pasado con el tiempo por culpa de la llamada y ahora ese rubio platino que anunciaba el cartón del tinte se había transformado en chicle.
Un rato después, Shuichi al final se había controlado un poco y había empezado a cogerle gusto al nuevo color. Al menos era original como el azul que había llevado hasta el momento.
Ese día tenía que pasar por la academia así que después de calmarse se había engominado el pelo y vestido con su nueva ropa de Another Space (adoraba esa marca aunque debía sacar las pelas de donde fuera para poder comprarse más prendas) se había lanzado a la calle. Por suerte su madre todavía no le había visto el nuevo look.
Una vez en la academia había esperado encontrarse con alguna buena noticia pero no había sido así totalmente. El encargado de los trabajillos, Shuichi nunca se acordaba de su nombre, le había comentado que tenía algo para él, pero al llegar se había encontrado que se trataba de una sesión de fotos y no algo relacionado con la música. Shuichi estaba harto de decir que prefería siempre cosas relacionadas con la música, que era lo suyo; pero ésta vez había aceptado, a regañadientes eso sí, porque necesitaba el dinero. Como le había comentado a Cinde a la salida, él vivía con sus padres aunque a veces necesitaba ingresos extra.
Pensando en sus cosas Shuichi se alejaba de la academia. No sabía con seguridad a dónde ir. El mal humor no terminaba de esfumarse así que no le apetecía ponerse a componer en esos momentos. Pensó que dar una vuelta le relajaría un poco y se fue a la parada del metro para ir al centro comercial. Quería mirar en el Recofan a ver si encontraba algo interesante.
Antes de bajar al subsuelo se paró en la zona de fumadores y se encendió un pitillo. De pie se apoyó en un pilar y se dedicó a observar a la gente pasar. A esa hora los chavales ya habían terminado el instituto o el colegio y multitud de jóvenes caminaban por la calle con las mochilas, los uniformes y los libros en las manos. Un grupito de chicas de instituto pasaron riendo cerca de Shuichi y él notó cómo las miradas de varias se posaban en él y cuchicheaban. Shuichi sabía que no era un chico feo, y a pesar de sus extraños colores de pelo sus rasgos llamaban bastante la atención. Se divirtió un poco siguiendo la mirada de las chicas pero no se movió de su sitio. Tenía 18 años y estaba en la flor de la vida como decían por ahí pero no estaba muy interesado en las chicas o en buscar el amor. Quizá la música le llenaba tanto como para no dejarle tiempo para lo demás. Fuera lo que fuera no le molestaba en absoluto así que simplemente no pensaba demasiado en ello.
Terminó su cigarrillo y bajó a la parada del metro. Varias paradas y llegó a su destino. La tienda de música de segunda mano estaba bastante concurrida aunque no abarrotada. Shuichi se movía lentamente por los pasillos mirando todo pero sin buscar nada en concreto. Giró una esquina y mientras observaba un single notó una fragancia que le pareció bastante agradable. Levantó la cabeza para ver de dónde provenía y vio que tenía cerca a un chico. Sin darle importancia Shuichi siguió mirando el single que tenía en sus manos pero algo parecía rondarle la cabeza. Notó que el chico pasaba al otro lado del pasillo donde estaba y se ponía al frente de él, mirando entre los CDs del otro lado de los estantes. Sin percibirlo demasiado Shuichi se quedó mirando al chico. Era más alto que él y a pesar de sus rasgos orientales tenía algo que no le hacía japonés. El chico tenía un look bastante moderno y esa camiseta sin mangas a rayas negras y rojas era bastante cañera. Llevaba el pelo teñido de rubio y peinado hacia arriba. Era un peinado bastante arriesgado pero le favorecía mucho. Shuichi de repente se sobresaltó. ¿Acababa de pensar que un peinado le favorecía más o menos a un tío? Realmente algo iba mal en él ese día. Podía pasar que se hubiera fijado en la ropa y en esos complementos que llevaba el chaval, que por cierto tenía la música tan alta que se podía oír perfectamente a pesar de que llevara cascos. ¿Pero haberse fijado en el pelo y la cara del chaval?
Shuichi sacudió la cabeza para librarse de esos pensamientos sin darse cuenta de que el chico que tenía enfrente era el que ahora le miraba a él. Una sonrisa imperceptible pareció pasar rápidamente por la cara del chico mientras miraba cómo Shuichi había dado media vuelta y se dirigía a la salida de la tienda.
El dolor de cabeza de esa mañana empezaba a molestar a Shuichi otra vez. Su cuerpo le pedía otro cigarro. Buscó la zona de fumadores más cercana y dejó que la nicotina inundara sus pulmones. Todavía con la cabeza un poco pesada sin saber exactamente por qué, Shuichi entró en un local y pidió algo de comer y una cerveza. Tenía ganas de que ese día terminara ya.