Tanuki

Mi día libre

  El Sol brillaba fuerte y alto en medio del enorme lienzo azul que componía el despejado firmamento.

  Hacía un rato que la playa había empezado a llenarse de familias con sus hijos y de grupos de jóvenes que disfrutaban alegremente del buen tiempo.

  Las olas del mar eran suaves y lentas y rompiendo dulcemente en la orilla mojaban los pies de Tanuki que se encontraba tumbado encima de su tabla. Ahora ya no había buen oleaje ni espacio apenas para seguir con la tabla, y sólo uno o dos surfistas solitarios seguían intentando dominar el mar.

  Pero eso no molestaba a Tanuki, él había tenido una buena sesión de surf y estaba satisfecho. Se había levantado prácticamente a las 5 de la mañana y cogiendo el traje y la tabla había llegado a la playa poco menos de una hora después. Este pequeño pueblo costero estaba prácticamente pegado a la capital, y puesto que muchos de sus habitantes debían desplazarse por trabajo y estudios obligatoriamente, el Ayuntamiento había dispuesto una gran cantidad de transportes públicos a todas horas.

  Tanuki había ido hoy a la playa sólo, sus amigos tenían turno en el trabajo pero él tenía libre y había aprovechado para pasar el mayor rato posible en la playa. Hacía tiempo que no había podido practicar su deporte favorito y las ganas le rebasaban tremendamente.

  Un disco rojo reluciente pasó volando por encima de la cabeza de Tanuki. Él lo siguió con la mirada hasta que sus ojos se encontraron con el Sol. Instintivamente levantó la mano derecha para protegerse de la luz y se quedó mirando sus dedos de color anaranjado a contraluz. A un lado del dedo anular se le veía una pequeña cicatriz, prácticamente imperceptible a simple vista, pero que él localizaba rápidamente. Esa marca era lo único que le quedaba del accidente que había tenido unos meses atrás. Trabajando se le había caído una pesada tabla de metal encima de la mano derecha rompiéndole tres dedos: corazón, anular y meñique. Había estado de baja prácticamente dos meses y ese era el motivo por el que no había podido practicar surf durante ese tiempo. Su madre lo agradecía porque no le gustaba mucho ver a su hijo practicar surf en temporada de frío, pero a Tanuki eso no le molestaba. El traje de neopreno aislaba muy bien y cuando uno estaba encima de una ola no sentía el frío del agua ni la debilidad del Sol.

  Lo cierto era que durante esos dos meses Tanuki se había estado un poco de bajón. Quedarse en casa sin hacer nada le agobiaba mucho, él necesitaba estar haciendo cosas constantemente, practicando deporte, trabajando, etc. Aunque no todo había sido malo durante su estancia de baja. Gracias a todo ese tiempo libre había podido ver a Yôhei sin problemas de horarios. Ella era de Chiba, y a pesar de que acudiera a una academia en Tokyo, cuando Tanuki trabajaba no les era fácil compaginar sus horarios para poder verse con regularidad. En cambio, durante este tiempo libre de Tanuki, él había podido acomodarse a los horarios de ella y habían podido verse muy a menudo.

  Tanuki y Yôhei llevaban unos meses saliendo y él se sentía tremendamente enamorado de ella. No recordaba con seguridad cuándo había empezado a gustarle, pero un día se dio cuenta de que con verla únicamente sentada en la mesa de la cafetería no le bastaba, y necesitaba saber más de ella y pasar más tiempo con ella. Cuando le preguntó si le gustaría ir al cine con él no las tenía todas consigo, su relación era sólo de camarero a cliente; por lo que al oír la repuesta afirmativa de ella se alegró enormemente. Incluso el día de la cita él se notó algo nervioso, cosa que hacía tiempo que no le pasaba. Esa tarde había sido estupenda, y Tanuki tenía la sensación de que habían congeniado perfectamente.

    - Auchs!!. - un balón de playa había caído encima de Tanuki, sacándolo de sus pensamientos.

    - Perdona, Onii-san, ha sido sin querer! - le dijo un pequeño niño mientras recogía el balón.

    - Jeje, no te preocupes pequeño, el balón es de plástico y pesa poco así que no me ha hecho daño. - le contestó Tanuki riendo suavemente.

  Ya era hora de volver a casa, así que Tanuki cogió la tabla y se acercó al borde de la playa. Se cruzó con varios surfistas que se marchaban también y estuvo hablando un rato con ellos mientras limpiaba la tabla. Después cogió el autobús y se acomodó al final donde podía colocar la tabla para que no molestara. Afortunadamente la gente estaba acostumbrada al ir y venir de gente con tablas y no se incomodaba. Normalmente Tanuki se movía por la ciudad con los cascos puestos, el mp3 lo acompañaba allá donde fuera; pero para ir a la playa no le gustaba llevarlo por miedo a que la arena lo estropeara así que buena parte del trayecto de autobús se la pasaba dormitando. En unos 40 minutos llegó a su parada, cogió la tabla y bajó del autobús. La parada le quedaba apenas a 10 minutos de casa y pronto pudo ver el portal de su edificio. Enfrente del edificio había un pequeño parque que tenía que atravesar para ir al trabajo, pero no para coger el bus a la playa.

  Tanuki alcanzó la puerta del edificio y se puso a subir las escaleras. La tabla no cabía en el ascensor así que había que cargarla. Tanuki vivía en el segundo piso así que no le molestaba mucho subirla en mano, aunque la escalera era bastante estrecha.

    - Hola Cinde! - dijo Tanuki al ver aparecer a su vecino bajando las escaleras. - ¿Vas a hacer un poco de bicicleta?

    - Sí, ¿hace buen tiempo verdad? Aunque veo que tú también has aprovechado para hacer algo de deporte. - Le respondió Cinde mientras hacía peripecias para dejar pasar a Tanuki con la tabla.

    - ¡Sí, el agua en esta época es perfecta! - exclamó Tanuki emocionado. - Además he aprovechado que ya tengo la mano mejor, necesitaba dominar algunas olas! jejejejeje

    - Algún día probaré yo el surf, aunque no creo que se me dé muy bien, el equilibrio no es lo mío, jajajajajaj - rió Cinde.

    - Chaval, eso nunca se sabe, pero una vez montes una ola ¡ya no podrás dejarlo de lado!.


   Tanuki se despidió y llegó al rellano de su piso. Cogió la llave que llevaba colgada al cuello y abrió la puerta de su casa. "Tadaima" exclamó al entrar, pero nadie le contestó. Sus padres estaban trabajando todavía a esas horas y su hermana seguramente había salido un rato con las amigas. Tanuki se descalzó y cargó con la tabla hasta su habitación. La dejó apoyada contra la pared de la ventana y volvió a salir al pasillo. Tenía hambre pero también el cuerpo lleno de sal del mar, así que se dirigió primero a tomar una ducha.

  Cuando terminó, Tanuki salió del baño secándose el pelo con una toalla y se fue hacia la cocina. Justo al pasar delante de la puerta de su habitación escuchó su móvil sonar.

    - Hai~ - contestó despreocupadamente retomando el camino a la cocina.

    - Hola Tanuki. - sonó una dulce voz al otro lado de la línea.

    - ¡Yôhei! - exclamó contento Tanuki.- Hola cariño, no estaba mirando al descolgar el teléfono. Dime, ¿no deberías estar en clase ahora?

    - Por eso te llamaba, las últimas clases de hoy se han cancelado porque la profe está enferma, así que como tienes libre estaba llamándote para que nos viéramos un rato.

    - ¿Me has llamado varias veces? Es que estaba en la playa surfeando y ahora acabo de llegar a casa.

    - Ya pensaba yo que te habías ido con otra y no querías saber nada de mí. - bromeó Yôhei.

    - Sabes que eso es imposible preciosa. - rió Tanuki. - Me has cogido saliendo de la ducha, ¿termino de vestirme y paso a por ti? Podemos dar una vuelta por el centro.

    - Mmmm, la verdad es que no me apetece mucho dar una vuelta. Estoy algo cansada. - le respondió ella. - Me paso mejor yo por tu casa y vemos una peli o algo,¿vale?

    - ¡Estupendo!, voy a ir preparando algo para comer mientras. ¡Nos vemos ahora!.

    - Vale, hasta ahora. - dijo Yôhei y colgó el teléfono.

  La expresión de Tanuki mientras se preparaba un sándwich era de pura felicidad. Ese día estaba siendo perfecto: una buena sesión de surf para empezar el día y un buen rato con su novia para terminarlo. ¡No podía pedir nada más!
  En ese momento se abrió la puerta y Eiri entró en la casa. Llevaba un sobre en una mano y una expresión entre enfado e incredulidad en la cara.

    - Okaeri hermanita. - le dijo Tanuki al ver que ella se dirigía a su propia habitación sin decir ni una palabra.

    - Tadaima... - dijo Eiri sorprendida mirando a su hermano en la puerta de la cocina comiéndose un sándwich. - no sabía que había nadie en casa.

    - Pareces extrañada, ¿te ha pasado algo? - Tanuki conocía a su hermana demasiado bien.

    - Calla, calla... no sabes qué personaje más extraño me he encontrado en el parque de abajo. - empezó a contar Eiri.

  Ambos hermanos se acomodaron en el comedor mientras ella proseguía con su historia. Entre ellos prácticamente se lo contaban todo.

~ Volver ~