Este mes en la portada de la revista aparecía Kat-tun. Eiri hojeaba contenta ese número mientras hacía cola para pagar. Tarareaba suavemente una de sus canciones favoritas y pasaba las hojas distraídamente. Cualquiera que la mirara pensaría que se trataba simplemente de una joven chica de instituto feliz porque tenía el nuevo número de su revista de ídolos. Ciertamente ella estaba contenta por eso, pero principalmente la razón que la alegraba en mayo medida era un pequeño sobre marrón que cogía junto a la revista.
Hacía un rato Eiri había salido de casa para comprar la revista y dar una vuelta, ese era el único día en el que no tenía actividades extraescolares y le gustaba pasear por Shibuya o Harajuku. Hoy estaba sola porque su mejor amiga tenía que repasar para un examen, pero eso no le preocupaba. Al bajar al portal del edificio había mirado en el buzón automáticamente, dentro estaba el pequeño sobre marrón, sin sello ni matasellos y únicamente el nombre de Eiri escrito a mano en un lado. Instantáneamente Eiri había reconocido la letra y rápidamente había abierto el sobre. Dentro había encontrado una pizca de felicidad: dos entradas para el concierto que su grupo favorito iba a hacer el mes siguiente. A pesar de que no había ningún tipo de nota Eiri confirmó claramente sus sospechas respecto a quién había dejado ese sobre en el buzón. Se había alegrado enormemente y había cogido su teléfono móvil; pero al ir a marcar había recordado que la otra persona estaba trabajando a esas horas.
Ese pequeño sobre con tan preciado regalo dentro lo había dejado su novio en el buzón. Tsuyoshi seguramente había pasado un momento antes de ir a su trabajo de media jornada por las tardes. Era una manera peculiar de dejarle regalos o mensajes muy propia de él. Eiri se imaginó a su novio dejando el sobre en el buzón y pensando en la reacción de ella. Ella sabía que no podía acercarse a donde estaba él durante sus horas de trabajo, si no habría ido corriendo a verle y abrazarle, ¡esas entradas eran el mejor regalo que podía hacerle! Eiri llevaba mucho tiempo intentando ir a un concierto pero las entradas de ese grupo se agotaban tremendamente rápido, e incluso era complicado encontrar alguna subasta. ¡Seguramente Tsuyoshi había pasado muchos días y muchas horas buscándolas! Y lo mejor, no sólo había conseguido una, sino dos, así que podrían ir juntos a verlos actuar; aunque dudaba que a él le gustara verla a ella gritar de emoción por el cantante.
Sin que la felicidad se hubiera borrado de su cara Eiri había salido del portal y le había enviado un mensaje de texto a Tsuyoshi. No podía llamarlo pero al menos le informaría de que ya había descubierto el regalo y que quería quedar esa misma noche con él. En ese momento Eiri no sabía si le apetecía más ver a su grupo favorito o ver a su novio y agradecerle el regalo.
De camino a la estación de tren Eiri había estado pensando en Tsuyoshi. Se habían conocido un tiempo atrás a través de los amigos de unos amigos. Él era 2 años mayor que ella y ya estaba en primero de Bellas Artes. La verdad es que era un chico que llamaba la atención por su aspecto y también por su abierta personalidad. Ella se había sorprendido mucho cuando tan sólo después de haber coincidido dos veces él le había confesado abiertamente sus sentimientos por ella. Al principio tanta rapidez no le había parecido muy convincente a Eiri, a parte de que a ella solían gustarle chicos de estilo bien diferente; pero después de coincidir un par de veces más ella se había dado cuenta de que era un chico estupendo, mucho más de lo que aparentaba, y de que no estaba fingiendo o buscaba sólo jugar con ella por su edad. Desde el primer día en el que habían empezado a salir ella se lo había pasado estupendamente con él y sentía que tenían muchas cosas en común. Pero no sólo eran risas y buenas tardes; Tsuyoshi le había demostrado también que para las cosas malas podía confiar en él y a la vez él le había abierto su corazón a ella y había acudido en su busca siempre que había necesitado ayuda. Tal vez lo que más le gustaba de él era que detrás de esa faceta de alegre y extravagante se encontraba un chico maduro y sensato. Ella sólo tenía 16 años, pero encontraba demasiado inmaduros a los chicos de su edad, e incluso mayores; quizá era demasiado madura para ciertas cosas y puede que fuera verdad que eso hacía difícil encontrar un chico que le gustara como le decía su amiga; pero Eiri era así y no tenía porqué cambiar. Además, ahora que había encontrado a Tsuyoshi ya no le preocupaban los comentarios de su amiga, que no los hacía con mala intención pero no le agradaban demasiado.
- Son 600 yenes.
- ... Sí, toma. - la voz de la cajera sacó a Eiri de sus pensamientos que pagó la revista y la chocolatina que llevaba en las manos.
Salió de la papelería y se puso a caminar por las calles de Shibuya mientras comía el chocolate. Al ser entre semana no estaban tan llenas como el fin de semana y era agradable caminar lentamente mirando los escaparates. Después de recorrer la tienda de HMV (ya se había comprado todas las novedades que habían salido hasta el momento pero le gustaba moverse entre los estantes llenos de CDS y DVDs) fue al Starbucks a comprarse un café y hojear la revista detenidamente.
Con su vaso de café Mocha con chocolate blanco, Eiri se acomodó en una de las sillas del primer piso que daban a los ventanales. Desde ahí arriba podía verse la estación de tren y el enorme paso de cebra cruzado por donde cantidad de peatones y coches pasaban diariamente. Eiri abrió la revista y empezó a leer el primer artículo después de mirar las fotos que venían de regalo. Al cabo de un rato sus ojos dejaron de concentrarse en lo que leía y sus pensamientos derivaron otra vez en Tsuyoshi. Estaba demasiado feliz con el regalo como para dejar de pensar en él, aunque tuviera delante fotos de Arashi y de Smap. Tsuyoshi no era tan empalagoso como los otros chicos que Eiri conocía, no necesitaba estar todo el día diciéndole lo mucho que ella le gustaba, pero sabía hacérselo saber con sorpresas de este tipo. Era cierto que al principio podía parecer un chico un tanto "rarito", como le había comentado alguna compañera, pero pronto se veía que no era un alien y principalmente se preocupaba y le gustaban las mismas cosas que a cualquier chico de su edad. Cuando se lo presentó a su hermano estaba un poco preocupada por si no se llevaban bien; pero pronto vio que no tenía que preocuparse por nada, es más, ¡se llevaban demasiado bien! Menos mal que tenían edades y amigos diferentes, Eiri los quería mucho a ambos, pero verlos todo el día juntos habría sido demasiado para ella.
El reloj de pulsera sonó con la hora en punto y Eiri pensó que ya era hora de volver. Terminaría de ver la revista en casa mientras esperaba el momento de quedar con Tsuyoshi. Tiró el vaso de papel a la papelera y bajó las escaleras de la cafetería. Se dirigió a la estación y después de comprar el billete fue al andén correspondiente. Mucha gente bajaba de los vagones, trabajadores que terminaban su jornada, jóvenes que ya habían terminado todas las actividades extraescolares pero aún tenían energía para pasar un rato con los amigos... Eiri subió al vagón atravesando la multitud y enchufó su reproductor de Mp3 portátil. Al llegar a su parada la batería del Mp3 empezó a fallar y Eiri lo apagó. Por suerte su casa quedaba a poca distancia.
Al girar una esquina tropezó con su vecino Cinde que se iba a dar una vuelta en bici. Ese alto chico coreano le resultaba muy curioso a Eiri, sobretodo ese misterio entorno a su verdadero nombre. Después de despedirse de él ella siguió caminado hasta entrar en el parque de enfrente de su edificio. Plantado en medio del camino vio a un chico con extrañas pintas y el pelo azul. Parecía estar hablando solo, seguramente era de la academia de artistas que había cerca, ¿estaría practicando para algún teatro? Aunque con el pelo de ese color Eiri dudaba que lo dejaran participar en alguna obra.
Una ráfaga de viento hizo volar un papel de las manos del chico y cayó a los pies de Eiri. Suavemente ella se agachó y recogió el papel. La hoja estaba sucia y rota, y tenía unas frases escritas en una letra casi ilegible y llena de tachones. El chico se había acercado y estaba hablándole, pero Eiri leía con curiosidad lo que había escrito.
- ¿Te gusta? Es la letra de una canción que estoy componiendo. - comentó el chico. - Voy a convertirme en cantante profesional, ¿sabes? Mi nombre es Shuichi Shindou.
Eiri apenas oía las palabras del chico por encima de sus propios pensamientos. Después de leer el papel una extraña sensación había empezado a aflorar en ella y no sabía el porqué.
- Esta letra es muy insulsa... - dijo finalmente ella de forma pensativa. No era cierto, ella no pensaba eso, pero las palabras habían salido automáticamente de su boca.
- ... aunque yo mismo podría... ¿Eh? ¿Insulsa? - se sorprendió Shuichi al asimilar las palabras de ella. - ...
Eiri miraba ahora fijamente al chico, Shuichi había dicho que se llamaba.
- Sí, no les veo fuerza ni originalidad. ¿Esto es lo que consideras componer? Creo que deberías dedicarte a otra cosa. - las duras palabras seguían saliendo de la boca de Eiri, pero no correspondían con sus pensamientos. No era la composición más original del mundo pero había algo que enganchaba, era como si las palabras tuvieran una fuerza interior.
- Espera, pero ¿como te atreves a decirme todo esto? Ni siquiera nos conocemos - dijo Shuichi entre enfadado y estupefacto.
- Me llamo Eiri Yamamoto, encantada. - le dijo ella mientras le devolvía el papel - Ale, ya nos conocemos. ¡Hasta luego!
Todavía sin saber muy bien el porqué de su comportamiento Eiri caminó rápidamente en dirección a su casa y dejó al chico atrás. Esas palabras no tenían melodía pero resonaban en su cabeza. Algo se había acomodado en ella después de leerlas. Intentando pensar otra vez en las entradas para el concierto con el fin de olvidar esas palabras Eiri entró en casa y se dirigió a su habitación silenciosamente, sus padres estaban trabajando aún y seguramente su hermano no había vuelto aún.