Cinde

El compañero

   El aire libre es lo mejor del mundo, o al menos para ese delgado chico montado en su bicicleta roja. Aunque sea el aire del parque al lado del río.

  Cinde pedaleaba lentamente por la carretera del margen derecho del río. De vez en cuando le gustaba salir con la bicicleta y ese era uno de esos días. Hacía casi dos horas que había salido de casa pero el Sol aún calentaba y a pesar de los varios springs que había hecho deseaba alargar su paseo un rato más. Llegó a una zona en la que el río se curvaba ligeramente y bajó de la bicicleta. En esa parte la hiera crecía más mullida e invitaba a tumbarse sobre ella.
  Cinde dejó la bicicleta tumbada al borde de la carretera y se acercó caminando al borde del agua. Después de comprobar que todavía en esa época el agua del río estaba bastante fría se sentó en la hierba y sacó su reproductor de música del bolsillo. Llevaba unos días trabajando en una canción pero ahora le apetecía simplemente escuchar su música favorita y dejarse llevar. Tarareando suavemente se dejó caer en la hierba hasta estar tumbado del todo. Alguna pequeña y blanca nube circulaba en el intenso azul del cielo y Cinde seguía su movimiento con la mirada. Pasaron varios minutos en los que Cinde seguía tarareando y de repente una melodía empezó a sonar suavemente procedente de la mochila que estaba a su lado. El sonido fue ascendiendo poco a poco hasta que Cinde se dio cuenta de ello y rápidamente sacó su móvil.

  - ¿Diga? – contestó Cinde. Al otro lado de la conversación una conocida voz empezó a hablar. Cinde asentía mientras observaba a un pato nadar en el agua del río.

  A los pocos minutos Cinde volvía a guardar el móvil en la mochila y una pequeña sombra se translucía en su rostro. Suspirando, Cinde levantó el brazo derecho y con la mano se rascó la cabeza echando hacia atrás todo su moreno cabello. Lentamente volvió a bajar el brazo y golpeándose suavemente las rodillas con ambas manos se incorporó, recogió la mochila del suelo y caminó hacia la bicicleta.

  La llamada que acababa de recibir era para comunicarle la cancelación de una sesión de fotos que tenía prevista. Algo había pasado con la campaña de publicidad y habían cancelado todas las sesiones. Cinde sabía que cosas así podían pasar pero lo que más le preocupaba era el dinero que iba a dejar de recibir por esa sesión.

  - ¡Es hora del plan B! – dijo Cinde en voz alta mientras subía en la bicicleta.

  Ese mes sus ingresos habían sido un poco bajos y su economía empezaba a notarlo. El mes anterior había empezado a darle vueltas a una idea que tal vez ahora debía poner en marcha. El piso donde vivía no era demasiado caro pero sí era grande y poner en alquiler una de las habitaciones le ayudaría bastante los meses de menos ingresos. Icinialmente la idea no le gustaba demasiado, Cinde era muy reservado para sus cosas, pero entre la opción de compartir piso o de quedarse en la calle por o poder pagarlo claramente prefería la primera.

  Cinde pedaleaba mientras iba pensando en dónde poner el anuncio. Lo pondría en la academia y en esa revista de anuncios varios. Con suerte en poco tiempo tendría compañero de piso y una economía más holgada.

  Poco a poco la ciudad iba engullendo a Cinde y sus pensamientos hasta que éste se encontró delante del portal de su casa. Subió las escaleras cargando la bicicleta y llegó hasta la puerta de su piso. Entró en casa, se descalzó y sacó la bicicleta al pequeño balcón. Se dirigió a su habitación donde rebuscó en los papeles del pupitre en busca de su agenda.

  La abrió y localizó el día en el que tenía la sesión que habían cancelado. Con una raya recta y pulcra tachó la estilizada caligrafía que anunciaba la hora y el sitio de la sesión de fotos. Cinde cerró la agenda, la volvió a dejar en el pupitre y se levantó. Sin pensar en nada concreto dio varias vueltas a la habitación y se paró finalmente delante del espejo de cuerpo entero que adornaba la puerta de su armario.

  Cinde acercó su cara al cristal y miró fijamente la imagen que le devolvía el espejo. Todavía no era época de calor pero para hacer bicicleta se había puesto unos pantalones que le llegaban sólo hasta la rodilla. El suéter morado claro era ligero a pesar de ser de manga larga y cuando Cinde se lo sacó por la cabeza desveló un torso suave, delgado y de piel clara. Los mechones más largos de su pelo le caían sobre los hombros, rozándole suavemente el cuello. Cinde llevaba una temporada manteniendo su color original de pelo, le parecía que cada día se le oscurecía más el cabello pero todavía no se había cansado de su imagen y no pensaba en teñirse.

  Mientras se dirigía al baño fue desvistiéndose hasta quedar totalmente desnudo. Sacó una toalla del armarito mientras el agua de la ducha alcanzaba la temperatura adecuada y entró en la bañera. Antes de enjabonarse pasó unos minutos debajo del agua caliente. Le relajaba sentir el agua caliente, cayendo desde su cabeza hasta los pies. Ese mes no iba demasiado mal económicamente pero no podía fiarse de sus ingresos cuando no tenía un trabajo constante, así que debía hacerse a la idea de buscar compañero de piso. Enjabonó su cabello pensando también que debía recortar un poco sus gastos en ropa.

  Al cabo de un rato Cinde terminó la ducha, se puso un pantalón de chándal y una simple camiseta y se sentó frente al ordenador. Rumió las palabras para poner en el anuncio: “se busca compañero de piso… zona tranquila bien comunicada al lado de…” Cuando terminó imprimió una copia con los datos de contacto y decidió subirlo también a una web de anuncios clasificados. Miró la hora en el reloj y vio que todavía le daba tiempo de ir a la academia para colgar una copia así que rápidamente volvió a cambiarse de ropa y bajó a la calle.

  Hizo unas fotocopias en un local de cerca y fue a la academia. Cuando entraba se cruzó con Shuichi que salía con cara malhumorada. Al principio no lo reconoció porque el largo cabello azul del chico había pasado a ser corto y rosa.

  - Shuichi colega, ¿te has pasado al rosa? – dijo Cinde alegremente.

  Por un instante Shuichi no se dio cuenta de que le estaban hablando pero al ver a esa figura alta parándose ante él se paró para ver quién era.

  - ¡Ah hola, Cinde! – dijo Shuichi elevando la cabeza para mirar mejor a su interlocutor. – Perdona tío, voy con prisa y no me había dado cuenta de que entrabas.
  - No te preocupes, ¿malas noticias? Te preguntaba por tu pelo.
  - Bueno… malas, malas no, pero molestas un poco. Sobre el pelo estaba ya cansado del azul y he pensado en cambiarlo un poco. Quería ponerme un rubio pero no sé cómo ha desteñido el tinte que se ha quedado rosa. Pero tampoco me molesta la verdad, jajajajajajaja
  - Ciertamente no queda mal, ejejejeje – le dijo Cinde. – Bueno, voy a ver si cuelgo esto en el tablón de anuncios, estoy buscando compañero de piso.
  - Mucha suerte tío, pero a mí no me mires que demasiado feliz estoy en casa con los papis, jejejejejejejeje. Bueno, ¡me voy!

  Cinde despidió a Shuichi y se dirigió al tablón de anuncios de la academia. Un chico delgado y un poco más bajo que Cinde se rascaba la cabeza mientras miraba el tablón. Tenía el pelo corto moreno con una mecha rubia en la zona del flequillo. Era oriental pero algo había en su cara que no parecía japonés. Cuando Cinde se acercó el chaval le dejó espacio pero se quedó mirando fijamente el folio que Cinde enganchaba con chinchetas al tablón.

  - ¿Buscas compañero de piso? – dijo el chico con una amplia sonrisa y mirando fijamente a Cinde. – ¡Casualmente yo estoy buscando piso!
  - ¿Eh? – Cinde se sorprendió un poco ante el desparpajo del chaval. – Sí, estoy buscando compañero, el alquiler ya es demasiado para una sola persona. ¿Te interesa? Es aquí al lado si quieres puedes ver el piso ahora.

  Todavía no sabía nada de ese chico sonriente que tenía delante pero Cinde intuía que podían llegar a llevarse muy bien. El chico se alegró sobremanera y salieron dirección al piso de Cinde.

  Hablando un poco para conocerse se sorprendieron al descubrir que ambos procedían del mismo país: Corea del Sur. Haneul Lee era el nombre de ese chico de 21 años que según le contó a Cinde había llegado a Japón para finalizar sus estudios. Le gustaba viajar y la posibilidad que brindaban las universidades a los estudiantes de intercambio era algo que Haneul había aprovechado al máximo. El curso anterior había estado estudiando en España, pero a pesar del buen tiempo y la buena comida su familia le había presionado para que al menos estuviera en un país más cercano para poder visitarlo. Así que Haneul se había decidido por Japón, donde esperaba terminar el último año de carrera.

  Vieron el piso de Cinde y ese mismo día concretaron las condiciones del alquiler. Haneul y Cinde se habían convertido en compañeros de piso.

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