Cinde

Vámonos de paseo

  El día era soleado y la temperatura perfecta como para quedarse en casa y no disfrutar de la tarde.

  Cinde se cambió de ropa rápidamente y sacó la bicicleta del balcón. Le apetecía hacer un poco de deporte ya que tenía el día libre. Las clases de Tom en la academia del día anterior le habían dejado muerto y necesitaba respirar aire fresco y relajarse un poco.

  Mientras llenaba una botella de agua se fijó en la mesa de la salita, encima había un grueso sobre de color marrón. En él estaban los datos de la sesión de fotos a la que debía asistir en unos días.

  Hacía ya unos meses que Cinde había llegado desde Corea del Sur hasta Tokyo en busca de su sueño: convertirse en cantante profesional.

  Él sabía que el camino sería largo y difícil, así que se apuntó a la academia de artistas que le habían recomendado (y que tenía prácticamente en frente de su apartamento) e intentaba participar en cualquier trabajo aunque no estuviera relacionado directamente con la canción. Hacer sesiones de fotos y asistir a cástings también le ayudarían a publicitarse más y a conocer gente que le pudiera ayudar en su carrera.

  Cinde R. Elha ponía en grandes letras occidentales en el sobre de la mesa. Estaba claro que ése no era su verdadero nombre, se trataba del nombre artístico que había elegido para darse a conocer en Japón. Cuando la gente le preguntaba que de dónde provenía o lo que significaba él se limitaba a explicar que estaba basado en el apodo que sus amigos coreanos le habían puesto.

  Rápidamente terminó de preparar la pequeña mochila donde llevaba el agua y algún tentempié y arrastrando la bicicleta se dispuso a salir de su apartamento.

  Mientras bajaba las escaleras poco a poco cargando la bicicleta se cruzó con Tanuki, un joven chaval medio japonés medio coreano que vivía en el segundo piso.

   - Hola Cinde! - dijo Tanuki. - ¿Vas a hacer un poco de bicicleta?

   - Sí, ¿hace buen tiempo verdad? Aunque veo que tú también has aprovechado para hacer algo de deporte. - Le respondió Cinde mientras hacía peripecias en la estrecha escalera para dejar pasar a Tanuki con la tabla de Surf que llevaba a cuestas.

   - ¡Sí, el agua en esta época es perfecta! - exclamó Tanuki emocionado. - Además he aprovechado que ya tengo la mano mejor, necesitaba dominar algunas olas! jejejejeje

   - Algún día probaré yo el surf, aunque no creo que se me dé muy bien, el equilibrio no es lo mío, jajajajajaj - rió Cinde.

   - Chaval, eso nunca se sabe, pero una vez montes una ola ¡ya no podrás dejarlo de lado!.

  Cinde se despidió de Tanuki y continuó bajando las escaleras. Al llegar al portal se encontró con Yucheon y Jeonghoo, los primos de Tanuki. Estaba dispuesto a parar un rato y preguntarle una cosa a Yucheon pero éste iba caminando rápido y con cara de mala ostia, así que lo dejó pasar. Saludó brevemente sonriendo a la pequeña y continuó su camino.

  Justo en frente del edificio donde vivía había un precioso parque que debía atravesar para coger el camino a las afueras de la ciudad. Montado en la bicicleta Cinde encaminó el sendero de gravilla y cuando apenas había recorrido nos pocos metros distinguió la figura de un delgado y no muy alto chico de pelo azul.

   - Eh, Shuichi! - llamó Cinde.

   - ¿Eh?. - Shuichi que estaba toqueteando el móvil en esos momentos se giró para ver quién le llamaba. - Ah, hola compañero!

   - ¿Qué haces ahí plantado en medio del camino?. - le dijo Cinde mientras bajaba los pies de los pedales y se apoyaba en el suelo.

   - Si te lo cuento no te lo creerás. - empezó a decir Shuichi. - He terminado hace un rato una clase de expresión corporal en la academia y había venido al parque a relajarme un poco. Pero de repente ha venido un chaval y me ha lanzado una pelota de fútbol a la cabeza...

   - Mmm, ¿ese chaval no sería pelirrojo?. - preguntó Cinde pensando en el balón que le había visto llevar a Yucheon hacía unos momentos.

   - Y después de pegarme con el balón, no me ha pedido ni disculpas. - prosiguió Shuichi como si no hubiera oído a Cinde. - Aunque luego el chaval se ha quedado alucinado con mis pintas, creo que se ha dado cuenta de que soy un futuro cantante profesional...

  Shuichi prosiguió con su charla-monólogo contando lo que le acababa de pasar. Afortunadamente Cinde ya estaba acostumbrado a la manera de ser de Shuichi y no se impacientó mientras Shuichi terminaba de contar la historia.

   - ... entonces ha aparecido una pequeñaja con un bote lleno de mariquitas y se ha puesto a hablar con el pelirrojo ...

   "Je", pensó Cinde "así que sí que se trataba de esos dos."

   - Vaya, Shuichi, es que siempre te pasan cosas extrañísimas... - le dijo Cinde para cortar la conversación unilateral. - El móvil está sonándote otra vez. Yo me voy a ir que quiero ver si hago unos cuantos kilómetros antes de que oscurezca.

   - Oh, un artista siempre está muy reclamado! jajajajaja - le dijo Shuichi descolgando el móvil y saludando con la mano mientras Cinde se alejaba con la bicicleta.

  Rápidamente Cinde se acercaba a la salida del parque. Ciertamente Shuichi tenía unas pintas algo estrafalarias y su comportamiento era bastante infantil y caprichoso pero había que reconocer que tenía una voz estupenda y eso le daba muchos puntos en la academia.

  Ya fuera del parque Cinde enfiló la calle que tenía enfrente subiéndose a la acera, en esa zona los coches no respetaban demasiado a los ciclistas. Al girar una esquina se encontró de repente con una chica justo delante de la bicicleta, y apenas tuvo tiempo de girar el manillar rápidamente para no atropellarla.

   - ¿Estás bien? - preguntó Cinde parándose después de esquivar a la chica.

   - Buf, menudo susto!! ¿No te han dicho nunca que las aceras no son para las bicis?

   - Eh.. Perdona, no iba muy rápido y... - Cinde se fijó en el rostro enfadado de la chica y reconoció a Eiri, la hermana pequeña de Tanuki. ¡Esa era una tarde de encuentros!

   - Ah, si eres Cinde! - exclamó ella al reconocerlo también. -Menos mal que no has llegado a atropellarme, ¡ te habría destrozado al bicicleta por ello! jajajajajajaja

   - Vaya, me lo imagino, si es que tienes un carácter... - le respondió él medio en broma sabiendo que ella también lo hacía en ese tono.

   - Claro claro, bueno, no ha pasado nada y yo tengo prisa así que hasta luego! - y caminando rápidamente Eiri tomó la esquina y desapareció de la vista de Cinde.

   - Bueno... ¿hoy me dará tiempo al final de hacer algo de bici o no?. - se preguntó él en voz alta.

  Cinde volvió a tomar la bicicleta y pedaleando de alejó calle abajo deseando no tener más encuentros durante el resto del día.

~ Volver ~